El Gato
¡Son sirenas de la policía! Ramón Mendoza, El Gato a las justas ha pegado los ojos, la desesperación lo hace brincar de la cama y tomar todo lo de importancia, la billetera con las fotos, el dinero, el arma. El ulular simétrico de las sirenas no es ajeno al barrio, es parte de la escenografía. Pero hoy El Gato sabe que lo buscan a él. Las siente acercándose por la avenida. ¿Se tendrá que despedir de una vez? Quizá ni tenga tiempo para eso, se pega a la puerta y abre despacio una rendija. El callejón está oscuro, hay silencio afuera. Puede salir ahora y si no fuera el momento correcto, una lluvia de balazos acabarían con su vida. Qué feo fiasco, abatido en la puerta de su casa. Su cadáver mutilado por el acero sería lo primero que vería su madre al salir. Hasta la imagina regalándolos a putamadres, ahogada en llanto. No, no le hará eso. Tenía que venir a verla y se irá tan elegante como siempre. Le da un beso y ella lo bendice entre sueños. Su bata huele a aderezos. -Un d...