La Parábola Perfecta
En un arrebato, Cleo echó a correr dando trancos fuertes y seguros, como en una danza de guerra mística. Mirada felina al frente. Obcecada por la hazaña, que es objetivo incomprensible para el resto de los sobrevivientes. Por eso deja atrás sus miradas y gritos de zozobra, que son también bombas lacrimógenas desfavorables. Ha apagado emociones, empatías y cualquier tipo de apego material, permitiendo así que entre toda la luz que pueda albergar. Y con ella, la Fuerza. La maquinaria ahora es un dínamo: mente y cuerpo en un ciclo energético brillante. La sangre es un cálido fluir de poder, y el corazón bombea. El corazón retumba en altisonante tambor de guerra: Lub-dub, Lub-dub. Ya nada puede detenerla. Apartado de allí, como a 300 metros de distancia, un muchacho, ajeno a lo que está sucediendo hurga en el devastado terreno. Todo pensativo, colecta pedazos de madera, palos y cosas que sirvan como leña: Es Saúl, el líder autoproclamado, a falta de otros huevos. De repente, ...