Criaturas de la Noche
Eran las siete de la noche. De fondo, la planta de procesamiento de alimentos de harina de pescado, brilla como una fiesta industrial. Una fea y negruzca masa de cemento que no tiene nada de atractivo en el día y de la que podríamos olvidarnos si no oliera de vez en cuando a pescado. En medio, todo a oscuras, los campos de caña, escasos ya por las áreas urbanizadas. No existe alumbrado eléctrico desde la pared de la antigua hacienda hasta la carretera. Mientras los vecinos descansan en la aparente tranquilidad de sus casitas de ladrillos, las alimañas emergen de la oscuridad, retozando libres entre la yerba. Tienen el color del barro y apestan a acequia. Se comunican con silbidos de todas las escalas. Chamay, el hijo del lechero, que es el único que tiene una casita entre el límite de la urbanización y las chacras, cuenta que las orejas de algunos de estos seres cortan como las hojas de la caña, por eso conviene no acercarse. “Sabemos que están saliendo cuando las vacas de...