Taz, taz
TAZ TAZ
Julio, Perro loco, duerme 4 horas al día; las otras, planea.
Dicen que la chambeaban juntos
con el Paisano, que vaciaron grifos, hotelitos, pollerías, dicen que le robó
cuando estuvo en la cárcel, dicen…
La cárcel lo volvió verraco y
la libertad, indiferente. Tiene 22 y parece de 40. Disfruta de su oficio como
se disfruta en la madurez de un buen polvo: relaja ‘o, porro en mano. Si ha
robado, lo reparte sin apasionamientos; si es muy poco, no lo reparte y se
larga; y al que se pone faltoso, le mete un tiro y la discusión ahí se acaba…
Un año ya que está afuera, se
sabe todas las movidas del Paisano, dónde y cuándo comete atracos, que bares
visita y hasta las poses que hace cuando tira. Con el estoicismo que lo
caracteriza, no se lo ha dicho a nadie, lo del Paisano, lo de que un día lo va
a matar. Pero anoche soñó con «La Sarita» y eso es profético, hoy será.
A veces se cruzan en la
Gallera, —el muy conchudo apuesta donde yo —, y cuando acaban las contiendas
bien avanzada la tarde, cada uno jala para su lado. Entonces se pone bonito el coliseo, desierto,
calladito de gente, puro gallo. El coliseo queda atrás, al lado del basural
cruzando unos terrenos vacíos, hoy caes Paisano, hoy caes.
El Paisano ya iba a subir a su
colectivo cuando le vibró el bolsillo, ¿Por qué contestar un celular subiendo
al carro? Ese fue el milagro que le concedió la beata al Perro.
—¿Aló amorcito? No sé nada de ti
—, dice una voz melosa y bien conocida.
—Qué no vas a saber si todos los días me vez —, dice el paisano.
—Que pases por el mercado no es
vernos
—Ya, ya mamacita dime dónde y
no me estés calentando
—En el Estadio —le dijo Melisa
con un ronroneo, antes de colgar.
—¡Qué!
Pero como la notó constipada
creyó que eran fiebres de coca, ese encuentro prometía.
“Iré mi amor, claro que sí”
Perro Loco esperaba adentro
fumándose un mixto con toda calma, el dulce de la pasta lo transportó a los
labios de la Melisa, quien después de hacer la llamada, lo granputeó largándose
toda llorosa, -Pero si cumplía la chola, siempre fiel, aunque a su modo-.
Cuando el Paisano llegó, duro,
entusiasmado y con la camisa afuera ¡Taz!¡Taz! Dos balazos certeros, uno de
Cíclope y otro en la panza. Lo último que recordó el miserable, fue de esa vez,
cuando se lo llevaron preso a Perro loco para que él se pueda escapar con la
plata para encontrarse después. Pues no escapó, se la gastó ahí mismo, se
levantó a la Melisa y se construyó un edificio con negocito. Se reía, el
infeliz se reía, te espero en el infierno Perro.
Dicen… pero no dieron con los
culpables. La Melisa a veces lo llora.
FIN
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